JOTA IZQUIERDO Capitalismo amarillo: Caiwen Kelai

Inauguración sábado 6 de julio de 2013

 

El proyecto genérico Aprendiendo del Capitalismo Amarillo pretende indagar sobre cómo ciertas estrategias sociales reaccionan o reflejan modificaciones del campo económico y cultural, creando nuevas culturas locales, que conllevan finalmente la constitución de nuevas prácticas ciudadanas. El proyecto toma su nombre a partir de la condición de producción y consumo extendida (pop), del fracaso de los grandes sistemas ideológicos (ismos), y de las condiciones sensacionalistas mediáticas (amarillistas). Una situación paradójica, resultado de los continuos fracasos del sistema económico capitalista para resolver sus contradicciones, que ha dado lugar a lo que podríamos llamar un capitalismo “amarillista”, de “inferior” categoría o de menor “calidad”. Conformando en algunos casos resistencias y en otros pura supervivencia, encarnados en contextos locales que generan nuevos modos de producción y venta de diversos artefactos, es decir, nuevas culturas, con otros valores materiales y simbólicos.

 

Dentro del contexto del proyecto Capitalismo Amarillo, la exposición Caiwen Kelai se centra específicamente en la producción y el comercio de copias de objetos de lujo producidos en China y distribuidos globalmente. El giro que propone la exposición se centra de una manera sutil pero no menos clara en los procesos mediante los que los objetos adquieren su aura y su valor. Estos procesos tienen que ver con los métodos de producción por supuesto, pero también con la manera en que los objetos circulan y se presentan, con los elementos de certificación que propician la verosimilitud.

 

 

La exposición despliega un conjunto amplio de estos dispositivos y pone en juego los puntos de contacto que se establecen en dos sistemas –el del arte y el del lujo- cuya legitimidad se sustenta en la noción de autenticidad del objeto y en el peso de su valor simbólico.

 

La fascinación con las copias Made in China de objetos de deseo representativos de la opulencia y el lujo occidentales ha dejado de radicar estrictamente en su similitud con los objetos originales para desplazarse hacia los elementos externos de autentificación que lo rodean. En la pieza Certifake nos encontramos con una vitrina en la que se despliegan certificados y documentos de autenticidad falsos que se producen en China en paralelo a las imitaciones. Una mirada atenta nos revela su “falsedad”: hay ligeros errores de impresión, descuadres y faltas ortográficas, que no se ven a primera vista. Como si se tratara de una prueba de agudeza visual nos piden que detectemos ese pequeño error que pone en evidencia su condición de “falsos” y que simultáneamente los convierte en piezas, si no únicas, si originales.

 

Algo similar sucede con las pieles impresas con logotipos de las grandes marcas –Louis Vuitton Skin (Yellow y Pink)- que se comercializan para ser utilizados en la fabricación de lo que podría considerarse  objetos “apócrifos” que ya ni siquiera imitan al objeto de lujo, sino que crean todo un catálogo de objetos fantasma que más allá de copiar una forma intentan desesperadamente capturar un aura.

 

Los metros de etiquetas bordadas -50m Gucci, 30m D&G- funcionan precisamente en la medida en que desactivan ese aura. La reproductibilidad infinita de la “firma” que representa la etiqueta desactiva cualquier ilusión que nos quedara sobre la singularidad del objeto. A la exclusividad de la etiqueta puesta en la prenda se contrapone el proceso de producción masiva de este elemento de autentificación que pone en evidencia la ficción de la exclusividad en un mundo cada vez más uniforme y donde las aspiraciones de los diferentes sectores de consumo se diferencian cada vez menos, por lo menos en términos de deseo.

 

Este elemento entra especialmente en juego en los fardos –Fayuca (China y Belice)- que en tanto presencias silenciosas contienen todas las paradojas del sistema que los genera, todo el drama de las sociedades que han construido no sólo una economía, sino también una identidad, alrededor del comercio de importaciones. Estos paquetes sin apenas marcas, que no desvelan nada de su origen, su destino o su contenido, alojan múltiples significados: nos hablan del sistema de circulación claro, pero son al tiempo el medio de subsistencia y el objeto del delito con todo lo que eso significa.  A estas lecturas habría que añadirles la inserción del objeto como tal dentro del circuito artístico, ámbito particular en el que las fronteras entre lo legal y lo ilegal suelen difuminarse.

 

Si el comercio de importaciones e imitaciones se ha convertido en una especie de doble necesario del Capitalismo sistémico, éste encuentra su paralelo en el contexto del arte que es a su vez un espacio liminal dentro del que transitar sobre el área gris que se despliega entre lo auténtico y lo falso. Sólo en este contexto la transformación de la marca –del nombre- en combinaciones que le garantizan a la copia su vínculo con el original, puede convertirse en una imitación perfecta de la poesía concreta.

 

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